Conquista y Romanización de la Península Ibérica
La romanización fue el proceso por el que los pueblos de la Península Ibérica se integraron en el mundo romano, adoptando muchas de sus costumbres, instituciones y formas de vida. Actualmente, se entiende como un intercambio cultural que transformó tanto a los pueblos indígenas como a los romanos.
Administración y División Territorial
El ejército romano fue el principal instrumento de este proceso, ya que conquistó y controló el territorio. La organización administrativa varió con el tiempo:
- Año 197 a. C.: Roma dividió Hispania en dos provincias: Citerior (capital Tarraco) y Ulterior (capital Córduba).
- Año 15 a. C.: El emperador Augusto creó tres provincias: Tarraconense, Bética y Lusitania.
Estas demarcaciones se dividían en conventus jurídicos o municipios.
Infraestructuras, Economía y Legado Cultural
Los romanos construyeron una amplia red de calzadas para facilitar el comercio y el movimiento de las legiones, destacando la Vía Augusta y la Vía de la Plata. También impulsaron el desarrollo de ciudades con un plano en cuadrícula organizado alrededor del foro, donde se situaban los principales edificios públicos.
La economía se basó en la agricultura, el comercio y la minería. Entre las aportaciones culturales más importantes destacó la difusión del latín, que sustituyó progresivamente a las lenguas prerromanas y dio origen a las lenguas romances. Así, Roma dejó una profunda huella social, económica y cultural en la Península.
Organización Política al Final de la Edad Media
Castilla y León: Centralización del Poder
Entre los siglos XI y XIII, los reinos de Castilla y León se acercaron hasta unirse definitivamente en 1230. Durante los siglos XIV y XV se consolidaron las principales instituciones de gobierno, destacando el fortalecimiento del poder real. Sus instituciones clave fueron:
- Consejo Real: Órgano asesor del rey.
- Audiencia: Encargada de impartir justicia.
- Chancillería: Responsable de la administración.
- Cortes: Perdieron poder legislativo, limitándose a jurar al heredero o aprobar subsidios.
- Concejos municipales: Controlados por oligarquías locales y supervisados por corregidores.
La Corona de Aragón y el Reino de Navarra
La Corona de Aragón tenía una organización confederal, formada por varios territorios que conservaban sus propias leyes. Sus órganos principales fueron las Cortes (con funciones legislativas), el Gobernador General, el Virrey y el Justicia Mayor.
Por su parte, el Reino de Navarra actuó como un territorio intermedio entre Castilla y Aragón, manteniendo estrechas relaciones con Francia. Su sociedad estaba dominada por la nobleza, dividida entre agramonteses y beamonteses. En conjunto, Castilla evolucionó hacia un modelo centralizado, mientras Aragón mantuvo una estructura descentralizada.
La Guerra de Sucesión Española y los Pactos de Familia
El Conflicto Sucesorio (1701-1715)
La muerte sin descendencia de Carlos II en 1700 provocó una crisis sucesoria entre Felipe V (Borbón) y el archiduque Carlos de Habsburgo. La Guerra de Sucesión fue un conflicto internacional y una guerra civil:
- Apoyo a Felipe V: Castilla, Navarra y el País Vasco.
- Apoyo al archiduque Carlos: Aragón, Valencia, Cataluña y Mallorca.
La victoria borbónica en la batalla de Almansa (1707) permitió controlar Aragón y Valencia. Finalmente, Barcelona cayó en 1714 y Mallorca en 1715.
El Sistema de Utrecht y la Nueva Política Exterior
La Paz de Utrecht (1713) reconoció a Felipe V como rey, pero España cedió territorios: Austria recibió Flandes y posesiones en Italia; Inglaterra obtuvo Gibraltar, Menorca y ventajas comerciales como el asiento de negros.
Para recuperar prestigio, se firmaron los Pactos de Familia con Francia. Bajo el reinado de Carlos III, se firmó el III Pacto de Familia (1761) y se apoyó la independencia de las colonias británicas en Norteamérica. La Paz de Versalles permitió recuperar Menorca y las Floridas, aunque las guerras supusieron un elevado coste económico para la monarquía.
