La proclamación de la II República
Las causas que condujeron a la proclamación de la II República se explican por el agotamiento de la monarquía de Alfonso XIII y el desprestigio de su apoyo a la Dictadura de Primo de Rivera. El 28 de enero de 1930, Primo de Rivera dimitió al perder el favor del monarca y del Ejército. Le sustituyó Dámaso Berenguer con la “Dictablanda”, un sistema híbrido entre democracia y autoritarismo que intentó apaciguar la situación, pero fracasó.
A ese desgaste se añadían problemas heredados de la Restauración: bipartidismo oligárquico, caciquismo y marginación obrera. En agosto de 1930, republicanos, liberales y catalanistas firmaron el Pacto de San Sebastián para proclamar la República, crear un Comité Revolucionario y convocar Cortes Constituyentes que redactaran una Constitución y un Estatuto para Cataluña. Se incorporaron el PSOE, la UGT y la CNT.
En diciembre de 1930 fracasó la sublevación de Jaca, que proclamó la República, y sus dirigentes, Fermín Galán y Ángel García, fueron fusilados. También fracasó la huelga general, pero Berenguer dimitió ante la crisis económica y el descontento social. Juan Bautista Aznar convocó elecciones municipales el 12 de abril de 1931. Los firmantes del pacto se presentaron en la Conjunción Republicano-Socialista y convirtieron los comicios en un plebiscito sobre la monarquía. Aunque los monárquicos obtuvieron más concejales, los republicanos vencieron en las ciudades, menos sometidas al caciquismo. El resultado forzó la salida de Alfonso XIII, sin renunciar a la corona, y el 14 de abril se proclamó la II República.
El contexto internacional de la Guerra Civil
El contexto internacional de la Guerra Civil estuvo marcado por la tensión europea de los años treinta. Desde el ascenso de Hitler, Europa se dividió entre las democracias, encabezadas por Gran Bretaña y Francia, y los regímenes fascistas de Alemania e Italia. En este clima, cualquier crisis podía provocar una nueva guerra mundial, por lo que el conflicto español generó inquietud internacional.
Para evitar su extensión, Francia, con apoyo británico, impulsó en agosto de 1936 el Comité de No Intervención, al que se adhirieron veintisiete Estados, entre ellos Alemania, Italia y la URSS. Sus miembros se comprometían a no intervenir ni vender material bélico. Sin embargo, tanto la República como los sublevados pidieron ayuda exterior por la escasez de equipamiento militar.
- Bando sublevado: Recibió apoyo de la Alemania nazi mediante la Legión Cóndor, usada como entrenamiento militar y conocida por el bombardeo de Guernica. Italia envió aviones, la Aviación Legionaria y el Cuerpo de Tropas Voluntarias. Portugal, bajo Salazar, envió hombres y permitió usar su territorio como zona de paso. También fueron importantes los soldados marroquíes.
- Bando republicano: Recibió ayuda de la URSS, que envió consejeros y armamento pagado con el oro del Banco de España. Además, contó con las Brigadas Internacionales, unos 40.000 voluntarios de más de cincuenta países, reclutados en su mayoría por la Internacional Comunista, que combatieron contra el fascismo en batallas como Madrid, Jarama y el Ebro.
Fundamentos ideológicos y sociales del franquismo
Los fundamentos ideológicos y las bases sociales del franquismo se configuraron tras la victoria de Franco en la Guerra Civil. El régimen fue una adaptación del fascismo a las condiciones españolas, legitimado por la victoria de 1939, muy autoritario y definido como una mezcla de dictadura militar y Estado fascista. Sus principales apoyos fueron el Ejército, la Iglesia y la Falange.
Pilares del régimen
- El Ejército: Fue el sostén y eje fundamental del régimen, sustentado en los principios de unidad de España, autoridad y jerarquía.
- La Iglesia: Legitimó el franquismo e inculcó los valores morales católicos. De su unión con el poder político surgió el nacionalcatolicismo.
- FET de las JONS: Actuó como partido único, el Movimiento Nacional, aportando propaganda y organizaciones de masas (Frente de Juventudes, Sección Femenina, SEU).
Las bases sociales fueron grupos conservadores que defendían el orden público, la propiedad privada y los valores tradicionales, incluyendo élites económicas, propietarios agrícolas y sectores populares que adoptaron actitudes de acomodamiento o apoliticismo.
La Constitución de 1931 y el Bienio Reformista
La Constitución de 1931, de carácter histórico-jurídico, definió al nuevo Estado como una República democrática de trabajadores, organizada bajo los principios de libertad y justicia, sin religión oficial y descentralizada. Sus ejes fueron la igualdad jurídica, la separación Iglesia-Estado y la posibilidad de autonomías regionales.
El Bienio Reformista (1931-1933)
Bajo el gobierno de Azaña, se impulsaron reformas para modernizar España:
- Reforma agraria: Ley de 1932 (IRA) para expropiar fincas mal explotadas.
- Reforma militar: Reducción de oficiales y exigencia de fidelidad a la República.
- Reforma religiosa y educativa: Separación Iglesia-Estado, aprobación del divorcio y extensión de la enseñanza primaria pública.
- Reformas laborales: Impulsadas por Largo Caballero (jornada de ocho horas, seguros sociales, Jurados Mixtos).
Estas medidas provocaron una fuerte oposición por parte de la patronal, la jerarquía católica, el Ejército y los sectores conservadores, cuestionando profundamente el programa reformista.
