Que sector social hizo la constitución de 1830

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9.2. LA DICTADURA DE Primo de Rivera (1923-1930)
1. CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE LA ETAPA.La Dictadura de Primo de Rivera nace como una situación transitoria ante el agotamiento de la Restauración. Es un “epílogo” de ésta. Se suspende la Constitución de 1876, pero no se suprime. El rey continúa siendo Jefe de Estado. Es una dictadura, un régimen muy personalista, marcado por el carácter de Miguel Primo de Rivera. Es un militar, sin preparación política o cultural, pero se considera a sí mismo como regeneracionista. A su manera, cree en la necesidad de renovar toda la vieja política, de dar un impulso a la economía desde el Estado, acabar con el caciquismo, la corrupción política… Para algunos, es el “cirujano de hierro” que va a extirpar los males de España. Primo de Rivera fue el representante de una época y de una generación regeneracionista que estaba hastiada de los ficticios y artificiales cambios políticos turnistas y que aceptaba cualquier salida. El mismo rey Alfonso XIII apoyará el nuevo sistema. Primo gobernará a golpe de decreto, apoyado por hombres entusiastas sin preparación previa, creando cargos, juzgando caciques, tomando medidas económicas. Primo de Rivera declaró el Estado de obras. La actividad fue frenética, aunque quizás sin un rumbo muy claro. De esta forma, fue un régimen mayoritariamente aceptado, no con el aplauso, pero al menos con la falta de oposición, como ocurríó con el PSOE.

2. EL Golpe de Estado


El 13 de Septiembre de 1923, Miguel Primo de Rivera, da un Golpe de Estado que triunfa en todo el país y que es bien visto por el rey Alfonso XIII.  El rey, sin duda, estaba al tanto del golpe, aunque probablemente no lo promovíó. Más bien, dejó hacer. Se sentía prisionero de la Constitución y de los políticos turnistas. Primo de Rivera era un militar de prestigio en campañas militares como las de Cuba o Marruecos, y contó con el apoyo de otros militares de renombre como Sanjurjo o el gobernador militar de Madrid, el duque de Tetuán. Una vez producido el golpe, el presidente del gobierno solicitó al rey que destituyese a los militares golpistas. El rey se negó y el presidente García Prieto, dimitíó. El rey llamó entonces a Primo de Rivera para que se encargara de formar gobierno por real decreto, con el cargo de Presidente del Directorio Militar. Primo redacta un manifiesto en el que expresa su intención de liberar a España de los profesionales de la vieja política y afrontar los problemas económicos del país. El directorio nace casi sin


oposición, tan sólo el Partido Comunista y los anarquistas se enfrentan al golpe, con escaso eco. El ejército, la Iglesia y la aristocracia apoyan desde el principio al dictador. La burguésía, especialmente la catalana, lo va a apoyar porque piensa que va a traer orden social.
El PSOE y la UGT van a mantener una postura ambigua. No atacan al nuevo régimen, y éste permite que sigan abiertas sus “casas del pueblo”. El dictador llegará a nombra a uno de sus líderes, Largo Caballero, consejero de Estado.

3. EL DIRECTORIO MILITAR (1923-25)

El Directorio Militar quedó formado exclusivamente por militares. Se encuentra bajo la obediencia, al menos nominal, del rey. Primo de Rivera va a enfrentarse a una serie de problemas que intentará solucionar como el “cirujano de hierro” que reclamaban algunos intelectuales regeneracionistas, como Joaquín Costa. Con respecto al orden público, el dictador sustituyó los gobernadores civiles por gobernadores militares que ejercieron una fuerte represión de cualquier manifestación pública. Se suspendíó la Constitución y los partidos políticos. Por otra parte, los atentados disminuyeron drásticamente. Para justificar su proyecto, y una vez suprimidos los partidos turnistas corruptos, promociónó la creación de partido político “apolítico” que uniera a gente sana, ni de derechas ni de izquierdas. Era la “Uníón Patriótica”, partido monárquico, central y moderado, según el dictador y con el lema “Dios Patria y Religión”. Pronto se incorporaron los antiguos caciques, los círculos católicos, terratenientes… No fue un partido con apoyo popular, ya que fue fabricado desde el gobierno. Al terminar la dictadura desaparece totalmente. En esta misma línea, se creará la Asamblea Nacional, ya en 1927, parodia del parlamento. Era un gobierno militar, sin capacidad ni aptitud política. Pero el gran problema que Primo de Rivera si iba a afrontar con éxito era la guerra de Marruecos. Tras el desastre de Annual en 1921, que estuvo a punto de salpicar al rey por el famoso expediente Picasso, que investigaba a los responsables del desastre, Marruecos se había convertido en una asignatura pendiente. Al comienzo de la dictadura, se retiran tropas, pero los militares africanistas protestaron enérgicamente, con el teniente coronel Francisco Franco al frente. Trató, en efecto, de convencer a Abd-el-Krim, líder rebelde rifeño, ofrecíéndole la autonomía y unas fuerzas militares propias, pero nada consiguió por estos procedimientos, excepto irritar a los africanistas. Mientras tanto Abd-el-Krim extendía su influencia en 


la zona oeste del Protectorado con la intención de dominar todo el norte de Marruecos. A partir de Marzo de 1924 fueron las propias circunstancias la imposibilidad de lograr un acuerdo con los rifeños- las que impusieron el cambio de política de Primo de Rivera. Como la presión por parte de Abd-el-Krim era cada vez más agobiante, Primo de Rivera asumíó personalmente en Octubre el Alto Comisariado en Marruecos y, tras restablecer la disciplina entre la oficialidad, ordenó la retirada desde Xauen. La retirada supuso un número elevado de bajas -unas 2.000-, pero evitó un posible desastre. La victoria de Abd-el-Krim parecía absoluta y situó sus tropas a 10 kilómetros de la capital del Protectorado en el momento de su máximo esplendor político y militar. La victoria rifeña causa un giro radical de Primo de Rivera en relación con el problema de Marruecos: el éxito hizo a Abd-el-Krim cometer errores y, en lugar de negociar en posición de ventaja con España, renunció a hacerlo. En Abril de 1925 decidíó atacar el Marruecos francés, causando graves pérdidas y bajas humanas. Inmediatamente se iniciaron las conversaciones entre España y Francia para una política coordinada: ambos países prometieron autonomía, pero, al mismo tiempo, aumentaron sus tropas hasta 500.000 hombres para imponerse por la fuerza si era preciso. Los frutos de la colaboración no se hicieron esperar. El 8 de Septiembre de 1925 tuvo lugar el desembarco de Alhucemas, una operación casi exclusivamente español que constituyó un éxito rotundo. La guerra fue muy cruel por ambos bandos pero la superioridad técnica se impuso (ahora se conoce incluso el uso de armas químicas como el gas mostaza por el ejército español). Los intentos del líder rifeño de entablar conversaciones fueron ahora rechazados. A finales del mes de Mayo de 1926 tuvieron lugar los últimos combates importantes y se produjo la rendición de Abd-el-Krim, quien se entregó a los franceses. Sin duda la victoria en Marruecos fue el logro más espectacular de Miguel Primo de Rivera. La oleada de popularidad que logró hizo olvidar que en un principio sus propósitos fueron muy distintos. La victoria militar uníó al dictador con los africanistas, encuadrados en la Legión (Tercio de Extranjeros) y los Regulares (Tropas Regulares Indígenas), por lo que decidíó la ampliación de estas unidades y su equipamiento. El éxito en África consolidó al régimen. Pero en este momento el régimen cambia para obtener continuidad, sustituyendo el gobierno de los militares por civiles. 

4. EL DIRECTORIO CIVIL (1925-29)

. En el mes de Septiembre de 1927 se anunció la definitiva convocatoria de una Asamblea Consultiva para “preparar y presentar escalonadamente al gobierno en un


plazo de tres años y con carácter de anteproyecto una legislación general y completa que a su hora ha de someterse a un sincero contraste de opinión pública y, en la parte que proceda, a la real sanción”. De cualquier modo constituía un claro ejemplo de la manera de actuar del dictador, que mostraba su incapacidad para decidir cómo se había de volver al régimen constitucional y, al mismo tiempo, ponía en peligro a la Monarquía al alejarse cada vez más de la Constitución. Desde el principio la Asamblea fue un fracaso. Todos sus miembros habían sido elegidos directa o indirectamente por el gobierno, por lo que no podían controlar a éste. Por supuesto no consiguió integrar a los opositores al régimen dictatorial, ya que los socialistas, los liberales, una parte importante de los conservadores y un sector de los intelectuales no aceptaron su nombramiento. Además, una muestra de la prevención que Primo de Rivera tenía al parlamentarismo era su funcionamiento: se trabajaba en comisiones, sólo se podían tratar los temas propuestos por el gobierno y había limitación de tiempo para hablar. Mientras tanto una comisión de la Asamblea, formada por antiguos políticos monárquicos, elaboró un proyecto de constitución que no agradó a Primo de Rivera, porque lo que él deseaba era un sistema de cámara única a partir de representación corporativa, popular y por derecho propio, con independencia del poder ejecutivo. El proyecto elaborado por la comisión tampoco fue tomado en consideración por los órganos de la oposición, de modo que su única significación fue indicar el camino hacia el autoritarismo de una parte de la derecha española. Tras la sustitución de los militares al frente del Estado (con la excepción, claro está, del propio dictador), el nuevo Directorio va a impulsar una nueva política intervencionista en lo económico y corporativista en lo social.
Política social (Corporativismo) En lo social, la política fue muy paternalista y protectora. El corporativismo se verá favorecido por la llegada al poder del fascismo en Italia, que va a ejercer una creciente influencia. La sociedad se organiza jerárquicamente en tres escalones sucesivamente: la familia, el municipio y las organizaciones profesionales. Estas organizaciones profesionales se agrupan en la Organización Corporativa Nacional,
parodia de sindicato en la que se agrupan los diferentes oficios sin distinción entre obreros y patronos La obra social de la Dictadura correspondíó al ministerio de Trabajo y consistíó en: – en Abril de 1924, se había creado el Consejo Nacional de Trabajo, Comercio e Industria; y, poco después, el Instituto de Reformas Sociales, que había desarrollado un importante papel en la promoción de la legislación social, fue integrado en el ministerio del Trabajo -la publicación 


del Código de Trabajo en Agosto de 1926, que resumía las disposiciones anteriores concernientes a contratos de trabajo, accidentes y tribunales industriales -Se dan mejoras sociales como el seguro de maternidad y se aumentan las prestaciones de la Seguridad Social. En Educación se dio un fuerte impulso a la enseñanza primaria con la creación de escuelas sociales, además de avances en cuanto a la vivienda popular, la protección del emigrante, etc. Pero de todo ello, lo más brillante y lo más discutido fue la creación de un sistema corporativo a partir de los llamados comités paritarios. La organización corporativa tenía como célula primaria el comité paritario; el segundo nivel lo constituían las comisiones mixtas provinciales y, finalmente, los consejos de la corporación, que eran el órgano superior de cada oficio. En cada uno de estos escalones existía igual representación de patronos y de obreros, siendo el presidente nombrado por el gobierno. Su misión era regular las condiciones de trabajo y, por lo
tanto, evitar la conflictividad social. Es indudable que con la política social de la Dictadura la clase obrera se vio beneficiada desde el punto de vista de la estabilidad en el empleo y a través de las mejoras indirectas producidas por la extensión de la seguridad social. Sin embargo el nivel de los salarios se mantuvo estable y aun con una ligera tendencia a la baja. Política económica (Intervencionismo) El Estado, por otra parte, emprendíó una serie de actuaciones que necesitaban de financiación. De eso se encargó Calvo Sotelo, ministro de Hacienda, emprendiendo una reforma tributaria y llevando a cabo una emisión de bonos, consiguiendo incluso súperávit en 1927. Bajo la dirección del ministro de Fomento, conde de Guadalhorce, se lleva a cabo la renovación de la red viaria mediante la construcción de más de 7.000 kilómetros de carreteras. Nacen las Confederaciones Hidrográficas, al mismo tiempo que se construyen numerosos embalses. Estas confederaciones se encargan de planificar el riego, distribuir la electricidad, etc.
Se pone en marcha, además una política monopolística, creando la CAMPSA (Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos), para la importación y refinado del petróleo. Se concede el monopolio de la Telefónica a una empresa norteamericana, la ITT. Algunos de los monopolios fueron concedidos a personajes influyentes, como Juan March, amigos personales del dictador. El proteccionismo fue la otra línea de la política económica, restringiendo las importaciones y creando el Consejo Económico Nacional que autoriza la instalación de industrias.

5. EL FIN DE LA DICTADURA (1929-1931)

La oposición. El régimen se fue desgastando paulatinamente, especialmente por su actuación personal. Su salud fue empeorando y no se 


enfrentó con energía a sus detractores. Murió sólo dos meses después de abandonar el poder. Además fue una dictadura suave (comparada con lo del general Franco). La oposición era muy amplia y diversa. Para empezar, se opónían los liberales y conservadores, la “vieja política”, liderados por Sánchez Guerra y desplazados del poder. Su líder incluso llegó a encabezar un Golpe de Estado que fracasaría por falta de apoyo. El ejército se había ido distanciando también, especialmente el ejército de la península que veía con preocupación el ascenso de los africanistas. Por otro lado estaban los republicanos, como Azaña, que dirigía la revista España; la burguésía catalana nacionalista; los intelectuales como Unamuno, Valle-Inclán y Ortega y Gasset; los estudiantes que se organizan en asociaciones como la FUE; la Iglesia que no ve en Primo un modelo de moralidad; y por último los comunistas y anarquistas que están en la clandestinidad. El PSOE abandona hacia 1929 su actitud de colaboración, por una oposición decidida. Dimisión de Primo de Rivera El aumento progresivo de la oposición en todos los frentes no hizo sino agravar las repetidas indecisiones de Miguel Primo de Rivera acerca de cómo darle rumbo y le obligaba a mostrar la faz represora. Cuando, en el mes de Julio de 1929, intentó ampliar la representación corporativa en la Asamblea Consultiva obtuvo un resultado decepcionante, ya que la Universidad de Valladolid eligió como representante a Miguel de Unamuno y el Colegio de Abogados de Madrid a Sánchez Guerra, Santiago Alba y Eduardo Ortega y Gasset. La Academia de Jurisprudencia se negó a asistir, así como los miembros de la vieja política y el Partido Socialista. Entretanto se iba deteriorando la situación económica y Calvo Sotelo desde el ministerio de Hacienda no era capaz de frenar la caída de la peseta, en cuyo descenso influían también motivos políticos. La prosperidad económica, amparada en los «felices años veinte», sobre la que se había alzado la Dictadura, que también se vendría abajo con el crack de Octubre de 1929, no impidió que se pusiera claramente en evidencia la impotencia manifiesta de la Dictadura para llevar a cabo una obra de reconstrucción política que resolviera los viejos problemas. Por otro lado, si durante la Dictadura los conflictos sociales no habían sido graves, ahora comenzaron a serlo. Se produjo un fuerte aumento de las huelgas a la vez que continuaban las conspiraciones. Finalmente, Miguel Primo de Rivera, después de meditar distintas formas de salir de la Dictadura, hizo una consulta a los altos mandos militares; al ver el escaso entusiasmo de éstos por el régimen, presentó la dimisión el 28 de Enero de 1930. 


El rey mostró su desagrado, ya que en el procedimiento utilizado no sólo se le ignoraba por completo a él, sino también a la opinión pública y a la totalidad del ejército. Inmediatamente después de su dimisión el general Primo de Rivera marchó a París, donde moriría al poco tiempo de manera repentina. Admitiendo que el fracaso de la Dictadura tiene como clave esencial el factor político, que fue generando una situación de descontento, queda claro que la crisis económica actuó como elemento desencadenante. Gobierno Berenguer. Tras el abandono del poder por Primo de Rivera sucedíó uno de los procesos políticos más complicados que cabe imaginar: el tránsito de una dictadura a la normalidad constitucional de 1876. El rey encargó a Dámaso Berenguer que se hiciera cargo del gobierno y condujera al país a la normalidad constitucional de 1876. A lo largo de los seis últimos años este general se había significado por su moderada oposición al régimen dictatorial. Sus propósitos eran bienintencionados, pero carecía de la capacidad política suficiente para captar la situación real del país. Lo más grave fue la lentitud que Berenguer imprimíó a su acción de gobierno. Berenguer no sólo pretendíó una vuelta a la Constitución de 1876, sino también a sus prácticas caciquiles, que a la altura de 1930 resultaban totalmente anacrónicas. Cuando anunció sus propósitos de retorno a la constitucionalidad, la actitud de la opinión pública inicialmente le fue muy favorable. A ello contribuyeron algunas de sus medidas liberales como, por ejemplo, la devolución de sus cátedras a los profesores que las habían abandonado. En los primeros meses de su gestión desaparecieron las conspiraciones militares. Sin embargo con el paso del tiempo fueron perceptibles graves deficiencias en sus planteamientos de gobierno. El anacronismo que representaba una solución política como la que los españoles presenciaron a lo largo de 1930 fue duramente criticado por José Ortega Gasset en un artículo publicado en el diario “El Sol” que se titulaba «El error Berenguer». El filósofo afirmaba que no era que Berenguer hubiera cometido errores, sino que otros los habían cometido con él al nombrarle presidente del Consejo de Ministros. El «error Berenguer» consistía en tratar de «hacer como si aquí no hubiera nada radicalmente nuevo» e intentar una simple vuelta atrás. Ortega y Gasset consideraba que el pueblo español había cambiado y, por lo tanto, resultaba posible intentar una democracia; puesto que la monarquía se identificaba con el pasado, había que destruirla. Todo ello motivó que en Agosto de 1930 se firmase el «Pacto de San Sebastián» por parte de las fuerzas republicanas, que suscribieron un manifiesto en el que se proclamaba la República como única salida a aquel vacío político. 


Después de sofocar la sublevación militar de signo republicano que se produjo en Jaca a finales de 1930, el gobierno Berenguer convocó elecciones generales, ante cuyo anuncio hubo una oleada de declaraciones abstencionistas que precipitaron una crisis. El general Berenguer acabará dimitiendo. El gobierno Aznar y las elecciones de Abril de 1931. Ante esta crisis política, el almirante Aznar formó un gobierno de concentración monárquica e intentó un nuevo proceso de normalización política. Para ello prometíó convocar elecciones comenzando por unas municipales, que se celebraron rápidamente, el 12 de Abril. En realidad, lo que se decidía era si España sería una monarquía o una república, ya que así se planteó por parte de los dos bloques políticos que se enfrentaron en las elecciones. Su resultado: los monárquicos triunfaron en 42 provincias y los republicanos sólo en 8. Pero éstos eran conscientes de haber vencido en casi todas las capitales de provincia y teniendo en cuenta que le voto rural no era moralmente válido a causa del poder caciquil, se atribuyeron el triunfo y se lanzaron a la calle a celebrarlo. El almirante Aznar lo reconocíó también. Si después de los resultados electorales se hubiera intentado alguna maniobra para salvar el régimen monárquico, habría fracasado. Desde hacía meses se habían perdido las posibilidades de salvar el trono y ahora no se intentó ningún acto concreto. El propio desarrollo de los acontecimientos convencíó a los miembros del gobierno provisional republicano a tomar inmediatamente el poder. La opinión pública culpaba al rey de los males de la Dictadura y, al enjuiciarla con posterioridad, el general se convirtió en un mito para sus seguidores. Quien resultó más perjudicado por el régimen dictatorial fue, en definitiva, Alfonso XIII. Éste abandonó el país y suspendíó el ejercicio de la potestad real (13 de Abril) y el 14 de Abril se proclamó la II República.

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