La Transición Española: Fuerzas Políticas y Oposición al Franquismo

La Transición Española

Las fuerzas políticas de la dictadura

Entre los años 1969 y 1975, el régimen franquista entró en un proceso de descomposición. Dentro de las fuerzas franquistas hubo tensiones entre los partidarios del aperturismo y los inmovilistas (el llamado búnker), que querían mantener el régimen tal como fue creado por Franco y pensaban que con la Ley Orgánica de 1969 y la proclamación de Juan Carlos como sucesor se había llegado ya al máximo de concesiones.

Apoyaban a este sector gran parte de los altos mandos del ejército y los sectores económicos dominantes del país. El búnker pretendía, sobre todo, continuar con el franquismo sin Franco. El líder de este grupo era el almirante Carrero Blanco, nombrado por Franco jefe de gobierno en junio de 1973 y destinado a garantizar la continuidad del sistema. Pero en diciembre de ese mismo año caía víctima de un atentado de ETA. Tal acción abría nuevas posibilidades para derrumbar el franquismo.

En 1974 formó gobierno Carlos Arias Navarro y, en un discurso ante las Cortes, lanzó un programa “aperturista” conocido como “espíritu del 12 de febrero”, que pretendía pasar por un avance hacia la democratización, pero al que en realidad solo podían acogerse los partidarios de los Principios del Movimiento y los que eran respetuosos con la legalidad vigente, o sea, con el franquismo. Esta ley sería rechazada por las fuerzas democráticas, aún en la ilegalidad, e incluso por sectores reformistas del régimen.

Este proceso de “apertura” provocó la irritación de los del búnker, preocupados por las repercusiones de la “revolución de los claveles” que había terminado con la dictadura en Portugal en abril de 1974. Incluso la auténtica naturaleza de la dictadura franquista, que tras la caída de la portuguesa y la griega era la única existente en Europa, quedaría reflejada con la ejecución del joven anarquista Puig Antich, acusado, sin pruebas, de matar a un policía.

Muerto Franco, las diferencias entre el búnker, organizado alrededor de figuras como Blas Piñar o Girón de Velasco, y los “reformistas” se agudizaron. Entre los “reformistas” había políticos veteranos de la dictadura y franquistas de toda la vida, como Fraga o Areilza, que estaban convencidos de la necesidad de un cambio pero dentro del sistema, y hombres nuevos que no habían vivido la Guerra Civil, como Adolfo Suárez, que iban a desempeñar un papel importante en la transición, pero para evitar que esta desembocase en una ruptura auténtica con el régimen anterior.

Las fuerzas políticas de oposición a la dictadura

Lo que exigía la oposición a la dictadura era la amnistía para los presos políticos, el ejercicio pleno de los derechos humanos y las libertades públicas (derechos de huelga, reunión, manifestación, sindicación) y el reconocimiento de las nacionalidades históricas. Todo esto debía lograrse o bien con una ruptura sin ambigüedades con el régimen franquista, abriendo un período constituyente que llevara, mediante consulta popular, a una decisión sobre la forma de estado (Monarquía o República), o bien con una transición controlada donde los restos del franquismo quedaran instalados en el nuevo régimen que habría de surgir tras la muerte del dictador.

Las fuerzas nacionalistas

Tenían como punto común la reclamación de los estatutos de autonomía para sus respectivas nacionalidades históricas y la transferencia de competencias del gobierno central. También, para algunas y junto a esto, el objetivo era la independencia.

  • Cataluña: Hay que destacar la aparición de una nueva fuerza hegemónica, Convergència Democràtica de Catalunya, dirigida por Jordi Pujol, aunque Esquerra Republicana de Catalunya mantenía las esencias de un nacionalismo catalán enraizado con su pasado soberanista nacido durante el período republicano.
  • País Vasco: El Partido Nacionalista Vasco (PNV) será la fuerza mayoritaria, mientras que ETA (Euskadi Ta Askatasuna), fundada a comienzos de los años sesenta como una escisión del PNV pero con un ideario independentista y socialista, será partidaria de la lucha armada y llevará a cabo acciones cada vez mayores contra la dictadura. La primera de ellas tendrá lugar en 1967 cuando mata a tiros a Melitón Manzanas, jefe de la policía política de San Sebastián, reconocido torturador y colaborador de la Gestapo durante los primeros años del franquismo. Más adelante aparecerán otros sectores y organizaciones nacionalistas que encarnarán en el llamado movimiento “abertzale” en la misma línea del socialismo y la independencia, pero de carácter pacífico.
  • Galicia: Por lo que respecta a Galicia, la organización más importante será la Unión do Pobo Galego (UPG), de tendencia comunista, que en 1975 comenzó a poner en práctica su estrategia frente-sista creando la Asamblea Nacional-Popular Galega (ANPG), precursora del BNG, en la que pretendía encuadrar bajo su dirección no solo a los embriones de los sindicatos de corte nacionalista, sino también a las asociaciones culturales y los restantes partidos que tuvieran a Galicia como centro de sus preocupaciones políticas. En enero de 1976, el nacionalismo galego intentó agruparse y, a iniciativa de la UPG, se formó el Consello de Forzas Políticas Galegas, integrado por la propia UPG, el Partido Socialista Galego (PSG) y el Partido Galego Social Demócrata (PGSD), más dos fuerzas no estrictamente nacionalistas: el Movemento Comunista de Galicia (MCG) y el carlismo autogestionario.

Las fuerzas estatales

Entre ellas sobresalía el Partido Comunista de España (PCE), dirigido por Santiago Carrillo, sin duda el partido más organizado y activo en la oposición al franquismo y el que había ofrecido una resistencia más fuerte en la clandestinidad contra la dictadura. El PSOE, prácticamente inexistente durante los años más duros de la dictadura y sin presencia en las luchas clandestinas contra el régimen, había celebrado un Congreso en Suresnes (Francia) en 1974 en el que un nuevo grupo dirigente, financiado por la socialdemocracia alemana y organizado alrededor de Felipe González y Alfonso Guerra, había llegado al poder marginando a los viejos socialistas del exilio dirigidos por Rodolfo Llopis. Junto a ellos, otros partidos menores como el Partido Socialista Popular (PSP) de Enrique Tierno Galván, prácticamente testimonial y que terminaría por unirse al PSOE. Al margen de estos partidos, había otros, a su izquierda y con gran predicamento entre el mundo universitario, que eran partidarios de la ruptura total con el franquismo y de la implantación de la República: el Partido Comunista de España (marxista-leninista), la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), el Movimiento Comunista (MC), Bandera Roja, la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT) o el Partido de los Trabajadores de España (PTE).

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