Historia de la Economía Española del Siglo XIX: Del Antiguo Régimen al Capitalismo

II. La economía española del siglo XIX: agricultura, industria y transportes

El final del Antiguo Régimen supuso la implantación de un sistema capitalista que significó:

  • Eliminación del feudalismo y los gremios medievales.
  • El establecimiento de un sistema basado en el liberalismo económico de intereses burgueses.

2.1. La agricultura

Durante el siglo XIX, la agricultura continuó siendo la base de la economía española. Aunque aumentó la superficie cultivada, era poco productiva y existían enormes desigualdades regionales:

  • El sector tradicional (mayoritario): Basado en una agricultura de subsistencia de bajos rendimientos cuyos cultivos son cereales, olivo y vid. Utiliza técnicas tradicionales (rotación bienal o trienal, barbecho, arado romano y escaso abonado). Esta agricultura se practica en el interior y sur de España, donde existen grandes latifundios y un desigual reparto de la propiedad. Sin embargo, en el norte predomina el minifundio: pequeñas propiedades de bajos rendimientos y cultivadas con técnicas tradicionales.
  • El sector moderno: Centrado en Cataluña, Valencia y Murcia, donde existe la mediana propiedad. Basada en productos hortofrutícolas destinados a la exportación. Aunque se practica el regadío, las técnicas de cultivo son también tradicionales.

Los gobiernos liberales quisieron modernizarla; para ello, emprendieron reformas económicas que acabasen con los restos del feudalismo con el objetivo de introducir en el campo el capitalismo agrario. Dichas reformas consistieron en:

  • Desvinculación: Se suprime el régimen de manos muertas y la supresión del mayorazgo, lo que permitió a los nobles vender libremente sus tierras a la burguesía. Gran cantidad de fincas salieron al mercado, vendidas por señores arruinados.
  • Supresión de los señoríos jurisdiccionales: Se eliminaron las rentas, tributos y privilegios señoriales. En lugar de feudos, pasaron a ser propiedades privadas y, en lugar de señores, pasaron a ser propietarios capitalistas de tierras. Muchos antiguos señores se convirtieron en grandes terratenientes.

Desamortizaciones

La primera gran desamortización fue la “Desamortización de los bienes del clero”, realizada por el ministro de Hacienda progresista Mendizábal entre 1835 y 1837. Consistía en la expropiación por parte del Estado liberal de tierras y bienes de la Iglesia para ser vendidos en pública subasta a particulares. El Estado liberal compensó a la Iglesia con los gastos religiosos de culto y clero.

Los objetivos de la desamortización fueron:

  • Desarrollar el capitalismo agrario con el acceso de la burguesía a las tierras.
  • Captar fondos e ingresos para el Estado liberal. Mendizábal quería sanear las cuentas de Hacienda con las rentas de la venta pública de las tierras. Con el dinero obtenido también podía financiarse la guerra contra los carlistas.
  • Debilitar económicamente a la Iglesia, defensora del carlismo, del absolutismo y del Antiguo Régimen.
  • Consolidar la revolución liberal en España.

Esta desamortización se detuvo en 1844 con el gobierno moderado del general Narváez.

El segundo gran proceso desamortizador fue la llamada “Desamortización general” de 1855, impulsada por el ministro de Hacienda Madoz. Pretendía completar la de Mendizábal sumando a la expropiación de los bienes de la Iglesia la de los bienes municipales. El objetivo era reducir el déficit público y conseguir financiación para las obras públicas como el ferrocarril.

Las consecuencias de las desamortizaciones fueron:

  • Aumentó el latifundismo en el centro y sur de España (Andalucía, La Mancha, Extremadura).
  • No fue una reforma agraria; no se repartieron las tierras entre los campesinos pobres. Estos permanecieron en la miseria como jornaleros sin tierra.
  • La enorme deuda estatal no pudo cubrirse con la venta de las tierras; los ingresos fueron insuficientes. El clero se alió con más fuerza al carlismo.
  • Enriquecimiento de la burguesía, que fueron los principales compradores, dando lugar al incremento del número de terratenientes.
  • Los ayuntamientos perdieron su principal fuente de ingresos, que procedían de sus bienes.
  • Extensión de la superficie cultivada, aunque los rendimientos siempre fueron bajos. El campo absorbió gran cantidad de capitales, desviados de la industria o el comercio.

A finales del siglo XIX, la agricultura española entró en crisis debido a la competencia exterior con productos más competitivos y a la plaga de la filoxera. Los gobiernos liberales tuvieron que recurrir a aranceles proteccionistas para defender los intereses de la agricultura española: el “Arancel de 1891”.

2.2. La industria y la minería

El desarrollo industrial español en el siglo XIX fue mediocre, ya que a finales de siglo los focos industriales importantes se localizaban únicamente en Asturias, País Vasco y Cataluña. A pesar del desarrollo de la red férrea, la banca y el tímido progreso industrial, España era un país eminentemente agrario.

Las causas son las siguientes:

  • Geografía montañosa, donde las comunicaciones son difíciles.
  • Escasez de fuentes de energía y materias primas.
  • Falta de capitales; los que hay se destinan a comprar tierras desamortizadas. Solo en Cataluña y en el norte la burguesía invertirá en industria.
  • Pérdida de las colonias, que priva al país de mercados y de materias primas; la industria catalana será la más afectada.

Principales sectores industriales

  1. Industria textil: Basada en el algodón, se centró en Cataluña, en torno a Barcelona, donde los hermanos Bonaplata instalaron las primeras máquinas de vapor y telares mecánicos. A partir de 1868, el textil inició una fase de expansión beneficiado por el monopolio mercantil sobre Cuba y Puerto Rico y por leyes proteccionistas. También alcanzaron notable desarrollo las industrias textiles lanera y sedera en Castilla y Valencia, pero al desarrollarse el sector algodonero, estas se trasladaron a Cataluña (Terrassa, Sabadell y Barcelona).
  2. La siderurgia: Hasta 1860, la producción de hierro se concentró en Andalucía (Marbella y Ojén). Entre 1860 y 1880, Asturias toma el relevo gracias a las minas de carbón. Pero el carbón español era costoso y de baja calidad, por lo que el hierro resultante era caro, no siendo competitivo y teniendo que recurrir a aranceles proteccionistas. A partir de 1880 se impone la siderurgia vasca gracias a la calidad de su mineral de hierro y a los beneficios obtenidos con su exportación a Inglaterra. En 1902 se unen las fábricas de Ibarra, Chávarri y Echeverría en una gran empresa: Altos Hornos de Vizcaya. La industria siderúrgica estuvo ligada tanto a la construcción naval (Astilleros del Nervión) como a la industria metalúrgica para material ferroviario.
  3. La minería: El carbón fue la fuente básica de la Revolución Industrial. En España, la escasez de recursos energéticos y el alto precio del carbón fue un obstáculo. Los yacimientos están en Asturias, León, Ciudad Real y Córdoba, pero es escaso, de mala calidad y costoso de extraer. Por otro lado, la minería estaba estancada por falta de demanda, capitales y tecnología. Para solucionar esto, en 1868 se aprobó la Ley de Bases de Minas, que permitió el aumento de la inversión extranjera (británica y francesa). La producción se centraba en hierro (Vizcaya), carbón, mercurio, plomo y cobre (sur peninsular).
  4. Otras industrias: Tuvieron cierto desarrollo la metalúrgica y mecánica (Maquinista Terrestre y Marítima en Cataluña), la industria naval (Astilleros del Nervión), industrias químicas y eléctricas, y las derivadas de la explotación agraria (vinícola, aceitunera, conservas de pescado, etc.).

2.3. El comercio y los transportes

El desarrollo del comercio interior fue lento debido a la precaria red viaria y a la escasa demanda interna. Respecto al comercio exterior, se importaban manufacturas industriales, productos siderúrgicos, fibras textiles, maquinaria y carbón. Los productos exportados eran lana, aceite, tabaco, pieles, minerales, vinos y aguardientes. El comercio exterior estuvo condicionado por los aranceles proteccionistas, a excepción del arancel librecambista de Figuerola de 1869.

En lo que se refiere a los transportes, la red de carreteras era deficiente a pesar de su aumento. El transporte marítimo mejoró con la navegación a vela y, a finales del XIX, con la introducción del vapor. Los puertos de Bilbao y Barcelona se consolidaron como los más importantes.

La revolución del ferrocarril

La verdadera revolución vino dada por el ferrocarril. Su creación se caracterizó por la aportación de capitales extranjeros (franceses) y la subvención del Estado. En 1848 se inauguró la primera línea, Barcelona-Mataró. Pero el gran desarrollo comenzó con la Ley General de Ferrocarriles de 1855 (Bienio Progresista), que estimuló la construcción con un diseño radial hacia Madrid y un ancho de vía mayor que el europeo.

Las principales compañías (Norte, MZA y Ferrocarriles Andaluces) eran de capital francés, aunque también hubo capital español (Barcelona-Zaragoza-Pamplona, entre otras). Este desarrollo permitió un mercado interior más integrado, aunque seguía siendo débil por el escaso poder adquisitivo de la población.

Para financiar la construcción y modernizar la economía, se promulgó la Ley de Bancos de Emisión y Sociedades de Crédito de 1856, que permitió crear nuevos bancos (Santander, Bilbao, etc.). También se modernizó el sistema monetario en 1868 con la creación de una nueva unidad: la peseta, que sustituyó al antiguo real.

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