Causa inicio y perdida de la 1 república

Los Austrias del Siglo XVI: política interior y exterior


Durante el Siglo XVI gobernaron en España los Austrias, principalmente Carlos I y su hijo Felipe II, que dirigieron un gran Imperio con numerosos territorios en Europa y América. Carlos I heredó un enorme conjunto de territorios gracias a la política matrimonial de los Reyes Católicos. Fue rey de España y emperador del Sacro Imperio, lo que le llevó a enfrentarse a numerosos problemas tanto internos como externos. En el interior, su reinado comenzó con conflictos importantes. Destacan las Comunidades de Castilla (1520-1522), una revuelta de ciudades contra el poder del rey, causada por el descontento hacia los consejeros extranjeros, los impuestos y la pérdida de poder político. Fueron derrotadas en Villalar. También se produjeron las Germánías en Valencia y Mallorca, un conflicto más social contra la nobleza, que también acabó siendo reprimido. En política exterior, Carlos I intentó mantener la unidad religiosa y política de Europa (la “Universitas Christiana”), pero fracasó. Se enfrentó a Francia por el control de territorios europeos, al Imperio otomano en el Mediterráneo y a los protestantes en Alemania. Este último conflicto terminó con la Paz de Augsburgo (1555), que permitíó a cada príncipe elegir la religión de su territorio.
Finalmente, Carlos abdicó y dividíó sus territorios entre su hijo Felipe II y su hermano Fernando. Felipe II continuó la política de su padre, pero centró más su poder en España. Durante su reinado se produjo la unidad ibérica al incorporar Portugal en 1580, formando una gran monarquía. En el interior tuvo problemas como la rebelión de los moriscos de las Alpujarras (1568-1571), causada por la imposición de abandonar sus costumbres, y la revuelta de Aragón, relacionada con el caso de Antonio Pérez. Ambas fueron reprimidas, reforzando el poder del rey. En política exterior, Felipe II se enfrentó a varios enemigos. Contra los turcos logró una victoria importante en la batalla de Lepanto (1571). En los Países Bajos surgíó una larga guerra por motivos religiosos y políticos, que terminó con la independencia de las provincias del norte. También tuvo conflictos con Francia y, sobre todo, con Inglaterra, donde fracasó el intento de invasión con la Armada Invencible en 1588. El sistema político de los Austrias se basaba en una monarquía autoritaria formada por distintos reinos con sus propias leyes. El gobierno se organizaba mediante consejos y funcionarios, y el rey tenía un gran poder, aunque limitado por las tradiciones de cada territorio. La economía dependía en gran parte de Castilla y de la llegada de oro y plata de América, pero los gastos del Imperio provocaron crisis económicas y bancarrotas.


Los Austrias del Siglo XVII: política interior y exterior


En el Siglo XVII gobernaron en España los llamados Austrias menores (Felipe III, Felipe IV y Carlos II), caracterizados por ser monarcas más débiles que delegaron el poder en validos, como el duque de Lerma o el conde-duque de Olivares. Esta etapa coincide con una crisis general: política, económica y demográfica, aunque también con un gran esplendor cultural (Siglo de Oro). El sistema de gobierno se basaba en los validos, que actuaban como hombres de confianza del rey y concentraban el poder. Esto provocó corrupción, conflictos entre grupos de poder y desprestigio de la monarquía. Durante el reinado de Felipe III, se adoptó una política exterior más pacífica por el agotamiento económico, firmando la paz con Francia e Inglaterra y la tregua con las
Provincias Unidas. En el interior, destacó la expulsión de los moriscos en 1609, que tuvo graves consecuencias económicas y demográficas. Con Felipe IV, el valido Olivares intentó reformar y fortalecer la monarquía con medidas como la Uníón de Armas (repartir los gastos militares entre todos los territorios) y un proyecto centralizador. Sin embargo, fracasó por la oposición de los distintos reinos. Durante este reinado, España participó en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), lo que supuso un gran desgaste. Al mismo tiempo, se produjeron importantes crisis internas en 1640: la rebelión de Cataluña y la independencia de Portugal, que se separó definitivamente de la monarquía. Las derrotas militares, como la de Rocroi, y la Paz de Westfalia (1648) marcaron el fin de la hegemonía española en Europa. Más tarde, la Paz de los Pirineos (1659) con Francia confirmó la pérdida de territorios y el ascenso francés. El reinado de Carlos II estuvo marcado por su debilidad y la lucha por el poder entre validos. Se intentaron algunas reformas económicas, pero el gran problema fue la falta de descendencia, lo que provocó una crisis sucesoria. Las potencias europeas (Francia, Austria, Inglaterra) intentaron repartirse los territorios españoles mediante tratados. Finalmente, Carlos II nombró heredero a Felipe de Anjou (nieto de Luis XIV), lo que desencadenó la Guerra de Sucesión tras su muerte en 1700. En conclusión, el Siglo XVII fue una etapa de decadencia política y militar para España, con pérdida de poder en Europa, crisis interna y debilitamiento de la monarquía, aunque mantuvo un gran desarrollo cultural.


Los Reyes Católicos: uníón dinástica e instituciones. La guerra de


Granada


El reinado de los Reyes Católicos (Isabel de Castilla y Fernando de Aragón) marca el inicio de la Edad Moderna en España. Su gobierno supuso el fortalecimiento del poder real, la expansión territorial y la unidad religiosa. La uníón dinástica entre Castilla y Aragón se produjo con su matrimonio en 1469. Fue una uníón solo política, no administrativa, ya que cada reino mantuvo sus leyes, instituciones y monedas. Castilla era más poderosa económica y demográficamente, mientras que Aragón manténía un sistema más pactista. La uníón se consolidó tras la guerra de sucesión castellana (1474-1479), donde Isabel se impuso a Juana la Beltraneja. Con el Tratado de Alcaçovas se reconocíó su victoria y se aseguró el control castellano sobre Canarias. Uno de los hechos más importantes fue la conquista del reino nazarí de Granada (1482-1492), último territorio musulmán de la península. La guerra terminó con la
rendición de Boabdil en 1492. Este hecho supuso el final de la Reconquista, reforzó el poder de la monarquía y permitíó el control de la nobleza. También se llevó a cabo la expansión territorial, con la conquista de Canarias y la anexión de Navarra en 1512. Además, se inició la expansión hacia América tras el viaje de Colón en 1492. Los Reyes Católicos fortalecieron el poder real mediante reformas institucionales. No crearon nuevas instituciones, pero reforzaron las existentes. Destaca el Consejo Real, formado por juristas, y la creación de consejos especializados. En la administración territorial, implantaron corregidores en las ciudades para controlar el poder local. También reformaron la justicia con chancillerías y audiencias. En el ámbito militar, crearon un ejército permanente (los tercios), reduciendo la dependencia de la nobleza. Además, establecieron la Santa Hermandad para mantener el orden público. En política social, limitaron el poder de la nobleza, aunque mantuvieron sus privilegios económicos. También resolvieron conflictos campesinos, como el de los remensas en Cataluña. La política religiosa buscó la unidad religiosa, con la expulsión de los judíos en 1492 y la conversión forzosa de musulmanes. Se reforzó la Inquisición para controlar la ortodoxia religiosa. En política exterior, destacaron por una diplomacia activa y alianzas matrimoniales para aislar a Francia y fortalecer su posición en Europa. En conclusión, los Reyes Católicos sentaron las bases del Estado moderno en España, consolidando el poder monárquico, ampliando territorios y estableciendo una organización política más eficaz


La Guerra de Sucesión, Utrecht y los Pactos de Familia


La Guerra de Sucesión Española (1701-1714) comenzó tras la muerte sin descendencia de Carlos II en 1700. El problema era decidir quién heredaría el trono: el candidato francés (Felipe de Anjou) o el austriaco (archiduque Carlos). Carlos II nombró heredero a Felipe de Anjou, lo que provocó el rechazo de otras potencias europeas por miedo a una uníón entre España y Francia. La guerra tuvo una doble dimensión. Por un lado, fue un conflicto internacional entre Francia y España contra una coalición formada por Austria, Inglaterra y Holanda. Por otro, fue una Guerra Civil dentro de España: Castilla apoyó mayoritariamente a Felipe V (Borbón), mientras que la Corona de Aragón apoyó al archiduque Carlos. En Europa, los aliados lograron importantes victorias, pero en la Península la guerra fue más favorable a los borbones. Destacan batallas como Almansa (1707), que consolidó la posición de Felipe V. El conflicto cambió cuando el archiduque Carlos se convirtió en emperador, lo que hizo temer a Inglaterra un nuevo gran Imperio europeo. Por ello, se iniciaron negociaciones de paz. La guerra terminó con los Tratados de Utrecht (1713) y Rastatt (1714). España perdíó la mayoría de sus territorios europeos: Austria recibíó Flandes, Milán y Nápoles, y Gran Bretaña obtuvo Gibraltar y Menorca, además de ventajas comerciales en América. Aunque Felipe V fue reconocido como rey de España, tuvo que renunciar a sus derechos al trono francés. España dejó de ser una gran potencia europea y pasó a un segundo plano. Tras la guerra, España buscó recuperar influencia mediante los Pactos de Familia, alianzas con Francia. El primero (1733) y el segundo (1743) permitieron recuperar territorios en Italia. El tercero (1761), durante el reinado de Carlos III, llevó a España a participar en la Guerra de los Siete Años, con resultados negativos frente a Inglaterra. A finales del Siglo XVIII, con Carlos IV, España volvíó a aliarse con Francia contra Inglaterra, lo que provocó derrotas importantes como la de Trafalgar (1805), que supuso la destrucción de la flota española. En conclusión, la Guerra de Sucesión marcó el fin del poder español en Europa y el inicio de la dinastía borbónica, mientras que los Pactos de Familia intentaron recuperar influencia, aunque con resultados limitados.

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