La Dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930)
Ante la crisis generalizada y el temor a que el Expediente Picasso se debatiera en las Cortes, el Capitán General de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, dio un golpe de Estado y se hizo con el poder en 1923. Contó con el consentimiento del rey y el apoyo de la patronal y de algunos políticos conservadores.
Primo de Rivera suspendió la Constitución y disolvió las Cortes; se prohibieron los partidos políticos y algunos sindicatos. El recorte de libertades alcanzó también a la prensa y los intelectuales, se persiguió al nacionalismo catalán y vasco, se creó un partido único (la Unión Patriótica) y un órgano legislativo (la Asamblea Nacional Consultiva), que no era elegido de forma democrática.
El Directorio Militar, gobierno formado por militares en la primera etapa de la dictadura, dio paso en 1925 al Directorio Civil, que iba a permitir a Primo de Rivera consolidarse en el poder. En 1925, el desembarco militar de Alhucemas acabó con el conflicto de Marruecos y estableció el control efectivo sobre el protectorado.
Aprovechando la buena situación internacional, hubo un cierto crecimiento económico hasta 1928, en el que destacó la construcción de obras públicas y la fundación de monopolios como Telefónica y Campsa. Sin embargo, las repercusiones de la crisis económica mundial de 1929 y la creciente oposición provocaron que, falto de apoyos y ya sin la confianza de Alfonso XIII, dimitiera en enero de 1930.
El monarca pretendió volver a la situación política que existía antes de la dictadura, nombrando un gobierno que debía propiciar el retorno paulatino a la legalidad constitucional. En este contexto, gran parte de la oposición firmó en agosto de 1930 el Pacto de San Sebastián, reivindicando unas elecciones democráticas y la instauración de una república.
El gobierno convocó elecciones municipales para el 12 de abril de 1931, a las que acudieron en coalición los partidos republicanos. Estos triunfaron en las grandes ciudades y en las regiones industriales, aunque los monárquicos consiguieron mayor número global de concejales. Ante los resultados electorales y la proliferación de manifestaciones solicitando la proclamación de la República, Alfonso XIII, que dejó de contar con apoyo político, abandonó España y partió hacia el exilio. De esta manera, el 14 de abril de 1931 se proclamó la Segunda República.
El bienio reformista (1931-1933)
Se formó un gobierno provisional y se convocaron elecciones para elegir unas Cortes Constituyentes. La Constitución que se aprobó en 1931 definía a España como «un Estado integral y una República democrática de trabajadores». En ella se aprobó el sufragio femenino (las mujeres votaron por primera vez en España en las elecciones de 1933) y se incorporaban numerosos derechos para la población.
El nuevo gobierno emprendió una serie de medidas dirigidas a:
- Mejorar las condiciones de los trabajadores.
- Restar influencia política y social a la Iglesia.
- Permitir el acceso a la educación a todos los ciudadanos.
- Intentar apartar de la política a los militares.
- Resolver el problema de las nacionalidades (vasca y catalana, fundamentalmente).
- Dar tierra a los campesinos y disminuir el poder social de la aristocracia terrateniente.
El descontento que generaron estas reformas tuvo su expresión en el movimiento obrero, a través de revueltas anarquistas (defendían reformas más profundas) y en los sectores de la derecha, que protagonizaron un golpe de Estado encabezado por el general Sanjurjo en 1932, que acabó fracasando. Esta inestabilidad provocó la dimisión del presidente Azaña y la convocatoria de elecciones para noviembre de 1933.
El bienio conservador (1933-1935)
Las elecciones dieron el triunfo a las derechas (al partido político de la CEDA y al Partido Radical). El nuevo gobierno presidido por Lerroux (del Partido Radical) se apresuró a «parar» las reformas emprendidas por el gobierno anterior, lo que provocó:
- Tensiones con los regionalistas.
- Paralización de la reforma agraria, que trajo consigo focos de huelga y agitación en el campo.
- Aumento del paro y de las alteraciones de orden público.
Este descontento, unido a la entrada de miembros de la CEDA (partido de derechas antirrepublicano) en el gobierno, provocó un levantamiento de izquierdas: la revolución de octubre de 1934. Esta triunfó principalmente en Asturias y en Cataluña, seguida de una gran represión por parte del Gobierno, que utilizó incluso al ejército para sofocar la rebelión (en Cataluña acabó encarcelado el presidente de la Generalitat, Lluís Companys). Todos estos acontecimientos y el desprestigio del gobierno, junto a la gran agitación política que se vivía a nivel internacional, provocaron la convocatoria de elecciones para febrero de 1936.
El Frente Popular (1936)
Las elecciones dieron el triunfo a una coalición de partidos de izquierdas (llamada Frente Popular), formándose un gobierno de izquierdas moderado, presidido por Azaña. El gobierno pretendió volver a aplicar las reformas del primer bienio, pero no pudo parar el creciente enfrentamiento entre las dos opciones políticas, derechas e izquierdas. El deterioro del orden público degeneró en un clima de violencia con atentados a líderes y militares de ambos bandos. El sector más reaccionario del ejército llevaba meses preparando un golpe de Estado que acabara con el sistema republicano y, finalmente, el 17 de julio de 1936 se sublevó el ejército en Marruecos. Al día siguiente el golpe militar se extendió a la península, pero solo triunfó en parte de España, de modo que dio comienzo la Guerra Civil.
La Guerra Civil (1936-1939)
Los sublevados contra la República eran, por un lado, militares comandados por diversos generales y oficiales de carácter reaccionario y, por otro, civiles pertenecientes a diversas fuerzas políticas de derechas, principalmente de Renovación Española, la CEDA y Falange (este último, el principal partido fascista que se creó en España en los años 30, fundado por José Antonio Primo de Rivera, hijo del dictador Miguel Primo de Rivera). Sanjurjo y Mola, principales ideólogos de la sublevación, murieron en sendos accidentes de aviación, lo que facilitó el ascenso del general Francisco Franco, que se acabó convirtiendo en el líder absoluto del bando nacional.
Las causas que impulsaron la sublevación fueron variadas y complejas:
- Poner fin a las reformas republicanas impulsadas en el primer bienio y restituidas por el Frente Popular.
- Concepción unitaria de la estructura del Estado que considera a los nacionalismos periféricos desintegradores de la patria.
- Deseo de evitar una revolución obrera que se creía inminente.
- Intención de que el ejército asuma de nuevo, como a lo largo del siglo XIX, un papel decisorio en la vida política española.
- Implantar un Estado totalitario similar a los fascismos europeos del momento (Alemania e Italia).
El golpe militar no triunfó en amplias zonas de España ni pudo ser sofocado por las autoridades republicanas, por eso se transformó en una larga guerra civil que contará con la presencia de fuerzas extranjeras:
- La neutralidad «pública» de Reino Unido y Francia.
- La Italia fascista y la Alemania nazi apoyaron al bando sublevado.
- La URSS y las Brigadas Internacionales defendieron a la España republicana.
Desarrollo de la Guerra
En los casi tres años que duró el conflicto (julio de 1936-abril de 1939) las operaciones más importantes fueron:
- El paso del estrecho de Gibraltar por el ejército de África gracias a la ayuda de la marina italiana, que fue decisivo para los sublevados. Tras ello ocuparon Andalucía, Extremadura, hasta lograr el enlace con los ejércitos del Norte.
- La batalla de Madrid, que se saldó con el fracaso de los sublevados que no ocuparon la capital hasta el fin de la guerra.
- La ocupación del norte de España (bombardeo de Guernica por la aviación alemana).
- La campaña de Aragón. Tras la ofensiva republicana sobre Teruel en el 37, el avance de las tropas de Franco se dirigió hacia el Mediterráneo (1938) y partió la zona republicana en dos.
- La Batalla del Ebro retrasa la ocupación de Cataluña; tras dicha batalla los ejércitos de Franco se lanzan a la ocupación de Cataluña, lo que provoca el exilio de miles de personas. En Madrid, en la zona republicana se produjo otro golpe de Estado y se entregó la ciudad a Franco, dando por terminada la contienda.
Consecuencias de la guerra
La guerra ocasionó cuantiosas pérdidas humanas y materiales, dejando a un país traumatizado y en ruinas:
- Cifra de fallecidos difiere, pudiendo hablar de 1 000 000 entre los muertos en combates y bombardeos, y las víctimas de las represalias políticas practicadas en ambas zonas. Cerca de 500 000 personas se exiliaron, fundamentalmente hacia Francia, la URSS y posteriormente, a Latinoamérica.
- Caída de las tasas de natalidad y aumento de la mortalidad por la desnutrición y enfermedades.
- Efectos económicos diversos con fuerte disminución de la población activa; elevados gastos militares, destrucción de edificios e infraestructuras y, en definitiva: colapso y retroceso económico.
- Desde el punto de vista político, la desaparición de un sistema democrático y la implantación de un régimen dictatorial que se prolongó hasta 1975, cuando se produjo la muerte de Franco.
- Culturalmente, la guerra provocó la depuración de numerosos profesores e intelectuales. Cerca del 90% de los intelectuales de este país marcharon al exilio; los que se quedaron se vieron sometidos al silencio, la persecución y la censura.
El régimen franquista y su evolución (1939-1975)
La dictadura franquista se fue imponiendo en la España donde triunfó la sublevación y se convirtió en el régimen político de manera oficial tras finalizar la guerra en abril de 1939. Los años de posguerra son años de pobreza, con un país destruido y sin recursos después de 3 años de guerra. Los perdedores sufren aún más la situación al tener que soportar la represión o el exilio. La dictadura supuso una concentración del poder en Franco (jefe del Estado, jefe del gobierno y Generalísimo de los ejércitos) y la eliminación de las libertades individuales y sociales. Se reorganizó el modelo de Estado, de manera que Franco acumulaba todo el poder: legislativo, ejecutivo y judicial, y el parlamento era solo un órgano consultivo. Se suprimieron la constitución de 1931, los derechos de huelga y asociación, los sindicatos, los partidos políticos y la libertad de prensa. En lugar de constitución se aprobó el Fuero de los Españoles (una especie de carta con derechos y deberes) que podía ser suspendido por el dictador en cualquier momento. Los partidos políticos se redujeron a uno, que era el único oficial y legal: la Falange Española Tradicionalista y de las JONS (llamado Movimiento Nacional); y lo mismo sucedió con los sindicatos; solo existió el Sindicato Vertical, controlado por el régimen.
El régimen franquista se apoyaba en 3 pilares:
- El ejército, que volvió a controlar la política.
- El fascismo de la Falange como base ideológica.
- La iglesia, que dictaba el modelo de conducta social (familia patriarcal católica) y tenía el monopolio en la educación.
Tras acabar la Segunda Guerra Mundial con la derrota de las potencias fascistas, la ONU recomendó la retirada de los embajadores de la España franquista, lo que en la práctica suponía el aislamiento internacional. Los motivos de esta medida obedecen al apoyo indirecto de Franco a Hitler, pues, aunque España fue un país neutral durante la II Guerra Mundial, envió ayuda logística y soldados voluntarios (la División Azul) para colaborar con Alemania. Las democracias europeas, que salieron vencedoras de la II Guerra Mundial, dieron la espalda al régimen franquista, aunque no intervinieron en España para derribar la dictadura, como en un primer momento pensaron los republicanos españoles. La situación de estos primeros años de posguerra fue, por tanto, crítica para España.
La aceptación a nivel internacional comenzó a partir de 1950 gracias a la intervención de EE.UU. En plena Guerra fría, el gobierno norteamericano vio en Franco un aliado en la lucha contra el comunismo, por lo que hizo las gestiones necesarias para que España fuera admitida en la ONU y en otros organismos internacionales. Además, el gobierno americano envió una importante ayuda económica para reconstruir el país. A cambio, España permitió la construcción de 4 bases militares norteamericanas en su territorio.
La evolución económica
La economía española tras la guerra, condicionada por el mencionado aislamiento internacional, se caracterizó por la autarquía (autoabastecimiento), por el gran intervencionismo estatal en todos los ámbitos y por la vuelta a una política favorable a los grandes propietarios (frente a la reforma republicana). En estos años seguía existiendo una agricultura tradicional con escasa mecanización y abundante mano de obra (50% de la población activa trabajaba en el sector agrario). La mala situación económica obligó a abandonar la política autárquica, creándose para tal fin el Plan de estabilización de 1959. A partir de este se llevaron a cabo la limitación del gasto y de créditos y la devaluación de la peseta, lo que trajo congelación salarial, el bajo poder adquisitivo, el paro y la emigración.
Este plan económico supuso, por otro lado, la apertura económica de España, favorecida por la aceptación del régimen franquista a nivel internacional. Esto supuso el despegue económico en los años 60, sustentado en la llegada de capital extranjero a través de grandes inversiones, del turismo y de las remesas enviadas por los españoles en el exterior.
El crecimiento industrial de los 60 (conocido como desarrollismo) generó un fuerte éxodo rural. España dejó de ser un país agrario y rural para convertirse en un país industrial y urbano.
La sociedad
El régimen franquista consolidó a la alta burguesía comercial y financiera que, unida a los grandes terratenientes rurales, dispondrán de la mayor parte de los recursos económicos del país. La dictadura impuso una sociedad conservadora, tradicional y católica propia del Nacionalcatolicismo, ideología que define muy bien al régimen. Pero esta moral no va a permanecer intacta durante toda la dictadura. A partir de los años 60, al calor del desarrollismo económico y de la llegada de turistas extranjeros, se empezará a producir cierta modernización social. Desde el fin de la Guerra Civil, el franquismo puso en marcha una brutal represión seguida de una feroz propaganda. Se trataba de transmitir una «única verdad», la del Movimiento Nacional. Para ello la censura era primordial y el instrumento fue La Ley de Prensa de 1938 que se mantuvo vigente hasta 1966. En 1942 se creó el Noticiario Documental (NO-DO), documental de 10 minutos que tenía que ser proyectado obligatoriamente antes de las películas en todos los cines de España hasta 1975. Lógicamente el sentido era transmitir a través del NO-DO los valores del régimen y exaltar la figura del Caudillo. La mujer volvió a ocupar un papel secundario en la sociedad. El régimen franquista acabó con todos los avances que se habían logrado durante la Segunda República. La mujer, de nuevo, debía ser madre y esposa, entregada y sumisa al hombre, a su padre mientras fuera menor de edad, y a su marido cuando se casara, pues en todo momento necesitaba de su permiso para realizar cualquier actividad. En el ámbito de la educación tuvo lugar la separación de sexos, pues se consideraba imprescindible evitar la coeducación por razones, sobre todo, morales y cristianas. Asimismo, la enseñanza era diferente para ambos sexos. En el caso de las niñas, sus materias estaban relacionadas con las tareas del hogar.
La oposición
Al terminar la guerra se prohibió toda actividad política fuera de la Falange (partido único), pudiéndose señalar dos tipos de oposición política:
- El movimiento guerrillero conocido como «maquis», impulsado fundamentalmente por el PCE (Partido Comunista de España) y que recogía a un gran número de guerrilleros republicanos.
- El gobierno republicano en el exilio constituido al fin de la guerra por las principales fuerzas republicanas.
En la década de los 50, a medida que se institucionaliza el régimen franquista, la oposición fue generalizándose en el interior del país, integrada fundamentalmente por 3 fuerzas:
- El movimiento obrero, que al no ser legal deberá usar de las movilizaciones obreras de carácter laboral (huelgas), con presencia básicamente en las zonas industriales.
- El movimiento estudiantil e intelectual contra el sindicato falangista de estudiantes (SEU) y contra el régimen en general.
- Una serie de partidos minoritarios en lucha clandestina, entre los que podemos destacar especialmente al PCE.
En los años 60 y hasta el final del franquismo, las estructuras políticas (desfasadas) contrastaban con los cambios que experimentaba nuestra sociedad. Así, el desarrollismo de los años 60-70 estuvo acompañado de un incremento de la conflictividad social con frecuentes manifestaciones y huelgas (huelgas mineras, movilizaciones estudiantiles, depuración de profesores universitarios, etc.).
La Transición política (1975-1982)
El asesinato de Carrero Blanco a manos de ETA en 1973 puso en crisis el proyecto de sucesión de Franco, el cual había separado en ese mismo año la Jefatura del Estado (quedó en manos de Franco) y la Jefatura de Gobierno (nombró a Carrero presidente). El nuevo jefe de Gobierno, Arias Navarro, dio la impresión de iniciar un proceso aperturista al hablar en su discurso de derecho de asociación, de fomento de la participación, de nueva ley sindical, etc. Pero no fue así. El 20 de noviembre de 1975 falleció Franco y, según la legislación vigente, los poderes de la Jefatura del Estado fueron asumidos, en nombre del príncipe Juan Carlos, por el Consejo del Reino. Más tarde, el 22 de noviembre, ante las Cortes, el príncipe asume la Jefatura del Estado a título de Rey (Juan Carlos I).
En junio de 1976 en su visita a EE.UU., el rey se declara partidario de la monarquía parlamentaria europea y a su regreso nombra presidente de gobierno a Adolfo Suárez. Los pasos que siguió Suárez hacia la apertura política los podemos resumir en:
- Suárez concedió una amplia amnistía a los presos por delitos de opinión y de intencionalidad y presentó el Proyecto de Ley para la Reforma Política (con gran oposición en el interior de su gobierno).
- En el Referéndum convocado para aprobar la Ley, un 94 % de los participantes votó a favor.
La aprobación de esa ley significó dejar atrás el régimen franquista y comenzar el camino hacia el establecimiento de un sistema democrático. Esto se hizo, por tanto, utilizando los resortes del régimen, lo que se denominó «de la ley a la ley». Así pues, no se produjo una ruptura con la dictadura franquista, no se liquidó el régimen jurídico precedente, sino que se utilizaron plenamente sus mecanismos de reforma, cuidando de que no hubiese ni un atisbo de ruptura institucional y observando como principio máximo el de la continuidad del Estado. En este contexto, el Gobierno convocó elecciones a Cortes Constituyentes para junio de 1977. Suárez acudió a ellas liderando una formación política que reunía a multitud de moderados y ciertos aperturistas del franquismo bajo las siglas de U.C.D. (Unión de Centro Democrático). La UCD alcanzó los mejores resultados, con un 48% del total de escaños. Las principales fuerzas políticas fueron: 165 escaños UCD, 118 PSOE, 20 PCE y 16 AP.
Como su propio nombre indica, la tarea fundamental de estas Cortes fue la elaboración de una Constitución. Desde un punto de vista de participación social y económica destacar la firma de los «Pactos de la Moncloa», que supusieron un acuerdo de fuerzas políticas y sindicales que daría estabilidad a la economía para bajar la inflación y favorecer a la población trabajadora. No obstante, acciones de grupos de extrema izquierda y de extrema derecha ponían en peligro estos intentos de estabilidad, aunque no lograron impedir que el 6 de diciembre de 1978 se realizara el referéndum para aprobar la Constitución, fecha que hoy celebramos como festivo nacional. Se iniciaba una época donde se convocarán varias elecciones para formar Gobierno y para establecer los Ayuntamientos, así como el desarrollo del Estado de las Autonomías. El partido del gobierno, la UCD, pronto comenzó a fraccionarse. Esta división interna y la falta de apoyos provocaron la dimisión de Adolfo Suárez a principios de 1981. Poco después, el 23 de febrero de ese año, en la sesión de investidura como nuevo presidente del gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo, sustituto de Suárez, se produjo el golpe de Estado ideado por algunos mandos militares españoles, destacando el asalto al Congreso de los Diputados por un grupo de guardias civiles encabezados por el teniente coronel Antonio Tejero. Este golpe de Estado, que hizo tambalear la recientemente creada democracia española, acabó fracasando.
